Carmen Negrín desvela que su abuelo se despidió de España en la Ciudad Universitaria de Madrid

Last update on Feb. 11, 2020.

Carmen Negrín desvela que su abuelo se despidió de España en la Ciudad Universitaria de Madrid

En la foto, Carmen Negrín con su familia, en el quirófano Negrín de la Universidad Complutense.

 

Reproducción íntegra del discurso pronunciado por Carmen Negrín el 7 de febrero de 2020, en la inauguración del aula histórica que la Universidada Complutense dedica al quirófano experimental de su abuelo Juan Negrín López.

Quisiera trasmitirles la alegría que me produjo Asunción López-Calderón Barreda cuando me llamó para anunciarme la rehabilitación y la reapertura de esta aula histórica en homenaje al legado científico de mi abuelo, Juan Negrín, en el lugar mismo donde enseñó durante un tiempo demasiado corto, pero donde dejó una huella notable e indeleble pese a haber sido ocultada durante casi 80 años.

 Habiendo sido Secretario de la Junta de Construcción de la Ciudad Universitaria, mi abuelo montó este quirófano que quedó inexplicablemente cerrado desde el fin de la guerra de España, al igual que quedó cerrada o, mejor dicho, ocultada gran parte de la memoria relacionada con el legado científico pre-republicano y republicano de los años veinte y treinta, en otras palabras, gran parte de la llamada Edad de Plata.

 

En esta ocasión, quisiera compartir unos relatos vinculados con la Ciudad Universitaria y mi abuelo. 

 

 Uno de ellos es poco conocido. 

 

Me fue trasmitido por la compañera de mi abuelo, Feliciana López de Dom Pablo. Muchos años después este relato me fue confirmado en Valencia por uno de sus escoltas. 

 

Después de haber dejado al Presidente de la República, Manuel Azaña en Francia o, más precisamente, después de haberle convencido de ir a la embajada de París y de dejarlo allí, mi abuelo regresó a España, una España democrática prácticamente vencida, con muchos de sus Ministros ya instalados en el exilio en Francia, con jefes del ejército tan esenciales como el general Rojo, rehusando regresar a España para seguir la lucha y sobre todo la resistencia; mi abuelo, sin embargo, regresó a su país, a la famosa Posición Yuste, nombre en código de la estancia del Poblet, situada en Petrer, Alicante. Allí, sede de la Presidencia del Gobierno, convocó a los dirigentes que continuaban resistiendo. Pocos acudieron y en particular las ausencias del almirante Buiza y del Coronel Casado fueron notables. 

 

 

El último golpe estaba por darse en Madrid. 

 

Sospechando lo que se estaba preparando, mi abuelo decidió ir a Madrid para, personalmente …“confrontarse”, creo que sería la palabra más adecuada, con Casado. 

 

Llegando a Madrid, confirmó sus sospechas, Casado, apoyado por Besteiro y otros, había dejado de seguir luchando por la República, se había chaqueteado o más claramente dicho, el y sus compañeros habían traicionado la causa republicana y habían iniciado un golpe más, largamente preparado, entre otros, con la complicidad del gobierno de Gran Bretaña. Y de paso, aprovechando la llegada de mi abuelo a Madrid, intentaron en varias ocasiones atentar contra su vida. 

 

En ese momento, dándose cuenta de lo que se tramaba, mi abuelo pensó en lo sencillo que sería suicidarse o dejarse matar, … si solo le caía una bomba sobre la cabeza… sería tan sencillo, pensó en que tal vez eso sería un fin honorable, no solo para él, sino también para la guerra, pero rápidamente los argumentos en contra de tal fin,  probablemente un poco cobarde según su forma de pensar, decidió que había que seguir luchando, aunque fuera en el exilio. 

 

 

Y ¿qué hizo antes de regresar a Alicante y antes de salir al exilio? Se separó de su escolta y, contrariamente a lo que contaron sus enemigos, cuentos que algunos siguen fomentando, se fue a la Ciudad Universitaria que tanto había significado para él, fuente de tanto entusiasmo y felicidad. Fue al frente y vio lo que había quedado de tantos años de ilusión, de trabajo, de estudios, de investigación y también de arquitectura. Era gran admirador del Bauhaus en particular, como lo demuestra su extensa biblioteca. 

 

Esta última visita a la Ciudad Universitaria fue su despedida simbólica de España y de Madrid en particular, el Madrid que había querido tanto y disfrutado, en el cual había dejado su huella más profunda, donde había compartido tantos saberes, donde inició la Editorial España con Araquistain y Álvarez del Vayo y otros, donde habían nacido tres de sus cinco hijos, entre ellos mi padre, y donde se habían formado, donde, después de mi abuela, conoció en su Laboratorio, a su gran e inseparable amor, su compañera de treinta años, Feliciana. 

 

Vio que los edificios de la Ciudad Universitaria habían quedado en gran parte en pie, pese a los destrozos de la guerra. Mal que bien, habían resistido.

 

 

Recuperó a su chofer y a su escolta y regresó a la Posición Yuste y al día siguiente creo, desde la pista de Monòvar, salió hacia Francia con los últimos y más fieles dirigentes, en particular el general de la aviación, Hidalgo de Cisneros, y Álvarez del Vayo, y, en otro avión, momentos antes, salieron hacia Argelia, Dolores Ibarruri, Rafael Alberti con Maria Teresa León, Irene Falcón y el general Cordón. Salió a principios de marzo del 39 de España, para nunca regresar en su país. 

 

Antes de irse, preguntó al escolta si quería subir con él al avión o si se sentía suficientemente seguro como para quedarse. Este decidió quedarse, terminó pasando unos años en la cárcel. 

 

 

Otra pequeña historia, contada por su famoso escolta:

En uno de sus viajes con mi abuelo, otro escolta motorizado había sido víctima de una trampa puesta por los sediciosos. Mi abuelo inmediatamente hizo parar el convoy y se bajó a darle los primeros auxilios para gran disgusto de su servicio de seguridad, pero es que antes de ser hombre de Estado, era médico. En realidad, esta condición  de médico era la que más correspondía a su carácter, la política vino a continuación, siendo una forma más de ética e implicación por el bienestar de España.

 

No hay que olvidar que, durante la guerra de España, hizo que se publicaran y difundieran en el frente, boletines de información sobre los últimos avances médicos. Y durante la segunda Guerra Mundial, sirvió en Londres, como conejillo de Indias para experimentos sobre la presión sanguínea que servirían a los submarinos. En tiempos de paz se hizo construir un pequeño laboratorio en su casa de campo en Inglaterra y en París, iba regularmente a las muy variadas conferencias del Colegio de Francia, a menudo participando  como cualquier otro experto tanto sobre cibernética, como en física cuántica o radioactividad. 

 

 

 

Siguió en contacto con profesores de la Ciudad Universitaria de Madrid; tengo alguna postal de la Universidad en la posguerra, donde su correspondiente, un profesor, desafortunadamente ya no recuerdo su apellido, se dirigía a él como “Querido Blas”, este era uno de sus nombres de guerra, nombre del santo del día de su nacimiento, el 3 de febrero. 

 

Es por todo esto y por muchos más motivos y, en particular, por haber sido “maestro de maestros” como decía mi tío Juan, uno de sus más cercanos alumnos, y por haber dejado la muy importante herencia intelectual que dejó, que me parece tan relevante la preservación de esta pequeña pero muy valiosa y simbólica aula histórica.

 

Como dijo el Presidente Allende, también doctor, el 11 de Septiembre de 1973: “Superarán otros hombres, este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan Uds. sabiendo que, más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pasen el hombre libre para construir una sociedad mejor.”

Gracias por haber abierto la página de la memoria y por abrir estas alamedas. 

 

 

 

 

 

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